La polémica entre Gobierno e Iglesia en el Fórum Europa

Zapatero al Nuncio: "No me atrevería yo a decir lo que debería hacer la Iglesia para mejorar algunos de sus objetivos"

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MADRID, 9 de enero. El presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, denunció hoy ante el nuncio del Vaticano lo que considera "un ataque" de la jerarquía católica española al Ejecutivo democrático, ante el que "no nos vamos a callar", y añadió: "No me atrevería yo a decir lo que debería hacer la Iglesia para mejorar algunos de sus objetivos". Rodríguez Zapatero participó en el Fórum Europa, organizado por Nueva Economía Fórum y en el coloquio fue preguntado por la crisis con la Iglesia tras la concentración del pasado 30 de diciembre a favor de la familia cristiana.

    

Su primera reflexión fue para confirmar que estaba presente entre los asistentes el nuncio del Vaticano, Manuel Monteiro de Castro, al que saludó a continuación con un visible gesto.

Expresó con una sonrisa su aprecio por Monteiro, "un buen nuncio y una buena persona". No tiene intención de llamar a consultas al embajador español en la Santa Sede, Francisco Vázquez, aseguró, sino más bien de acudir a la Nunciatura a "tomar el caldo" al que le invitaron hace tiempo.

Tras este saludo, el presidente afirmó que se sorprendió "hasta el límite de lo insólito" al leer que había sido el Gobierno el que había iniciado la ofensiva contra la Iglesia.

"Resulta que estamos todos en Navidad, fechas de paz, de unión, entrañables, y el 30 de diciembre, justo en la mitad entre la Natividad del Señor y la Epifanía, momentos de hermandad, de paz, en un acto supuestamente religioso, dos cardenales dicen nada más y nada menos que las leyes de un gobierno democrático hacen retroceder los derechos humanos y disuelven la democracia", subrayó el presidente.

En esas fechas, enfatizó, "se hace este ataque serio por dos cardenales al Gobierno, y resulta que es el Gobierno quien lo inicia... ¡Si estábamos todos tan felices, si no había ningún problema entre la Iglesia y el Gobierno, sobre todo desde que está Paco Vázquez en el Vaticano las cosas transcurrían con cierta placidez!".

Sin perder la sonrisa ni el buen tono, Rodríguez Zapatero subrayó que la crítica resulta "exagerada" y mencionó además una cierta "obsesión" de la jerarquía eclesiástica con el divorcio, cuya legislación no se ha modificado, explicó, sino que sólo se ha agilizado la tramitación.

Esa ley no ha aumentado el número de divorcios, añadió, sino que ha encauzado la demanda de muchos ciudadanos que ya no tienen que esperar para finalizar una convivencia "absurda" que sólo proporciona sufrimiento.

En su opinión, pretender "condenar" a la convivencia a parejas que ya no se sienten como tales "ya no cabe en ninguna cabeza razonable", y entre risas comentó, además, que tampoco ha descendido el número de anulaciones matrimoniales, que sigue siendo "bastante notable".

El Gobierno respeta y comprende que a la Iglesia no le guste la interrupción voluntaria del embarazo o el matrimonio homosexual, pero de ahí a decir que retroceden los derechos humanos o que se disuelve la democracia, es un salto que "no es asumible por irreal, y porque no es verdad".

Rodríguez Zapatero reiteró ante el Nuncio que la democracia se basa en el respeto a la pluralidad, también a quienes deciden tener 11 ó 12 hijos y nunca se acogerían al derecho al divorcio.

Esas personas, como quienes practican una religión, tienen todo el amparo de la Constitución, pero lo que la democracia no ampara es que se quiera impedir a quienes tienen otras opciones que se puedan acoger a esos derechos, porque ese es "el ADN de la democracia y de la libertad".

Defendió que la Constitución "es sabia" al establecer un Estado aconfesional pero a la vez una relación singular con la Iglesia Católica, un mandato que siempre ha cumplido el Gobierno y motivo último de los acuerdos existentes, "que funcionan y queremos seguir manteniéndolos".

"Pero no se nos pida que nos callemos cuando desde voces tan representativas de cardenales se nos acusa de que con estas leyes retrocedemos en derechos humanos o disolvemos la democracia. No nos vamos a callar", dijo ya más serio.

El Gobierno respeta "profundamente" que la Iglesia no esté de acuerdo con iniciativas como el matrimonio entre homosexuales, "sólo faltaría", pero a partir de ahí "las cosas en su sitio y cada uno en su sitio".

"No me atrevería yo a decir lo que debería hacer la Iglesia para mejorar algunos de sus objetivos. No lo voy a hacer", sentenció.

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