Fórum Europa con el Cardenal Juan José Omella, Presidente de la Conferencia Episcopal Española

El presidente del Episcopado pide a los políticos que pongan “el corazón” en resolver problemas sociales y que no estén en “permanente campaña electoral”

Mecenas    

MADRID, 13 de mayo. El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y arzobispo de Barcelona, cardenal Juan José Omella, pidió en el Fórum Europa a los políticos españoles que pongan “el corazón” en resolver los problemas sociales de ciudadanía y que no estén en “permanente campaña electoral” anteponiendo las posiciones de sus partidos a las necesidades de las personas.

Así lo aseguró durante su intervención en este encuentro celebrado en Madrid por Nueva Economía Fórum, en el que el prelado relató que la sociedad está ante un “cambio de época” que puede prolongarse durante un siglo. “El tema es serio”, añadió, y “creando una sensación de que los gobernantes van a la suya y abandonan a la sociedad”. “De alguna manera crea una fisura en la democracia”, alertó, dando paso a populismos que, “luego cuando llegan al gobierno pasa lo mismo”, reprochó.
 
Por eso, pidió “trabajar mucho más en defender la democracia, el menos malo de los sistemas de gobierno”. “Tenemos que cuidarlo porque se puede romper”, subrayó al llamar, como el Papa Francisco, a no olvidar los grandes problemas sociales. “Pacten con todos los agentes sociales y lleguen a una solución que será menos mala. Ese es el camino”, dijo Omella a los políticos.
 
El cardenal trazó algunos de los grandes retos que encuentra prioritarios para trabajar, como la creciente pobreza en el mundo y también en España, como muestra el reciente informe Foessa, que ofrece unos “efectos demoledores” de la crisis económica y de la pandemia y que dejan a 11 millones de personas en España en situación de pobreza, muchos jóvenes sin trabajo ni vivienda y con más personas en aislamiento y con sus relaciones sociales deterioradas. A ello, agregó, el IPC está “disparado”, las facturas de la luz “por la luna” y han regresado “las colas del hambre ante parroquias y centros asistenciales y de la Iglesia y no sólo de la Iglesia”.
 
Aún así, el presidente de los obispos destacó que “España tiene una reserva de humanidad que se demuestra en esos momentos difíciles". "En la crisis económica los donativos a Cáritas se triplicaron. También en la pandemia”, y ha aumentado el “hambre de Dios”, especialmente entre los jóvenes. “Hay un movimiento de búsqueda, porque quieren luz y respuestas”, sentenció.
 
TENDER PUENTES
 
En este clima, el presidente de la Conferencia Episcopal se reafirmó en su intención de “tender puentes” con el Gobierno y la sociedad que manifestó a Servimedia nada más ser nombrado al frente del Episcopado hace dos años. “Tenemos que mantener unas buenas relaciones con todas las instituciones, políticas y de la sociedad” y trabajar “por el bien común”.
 
“Para ello no hay otro camino que colaborar, pactar y caminar juntos por el bien de la sociedad, no se trata de ir contra del otro a ver si gano yo. Haga lo que haga el gobierno, nos gustará más o menos, tenemos que pactar por el bien común”, remarcó.
 
Precisamente, durante el encuentro, el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, también se refirió a ese “caminar juntos” en la sociedad y, en particular, en la Iglesia que ha pedido el Papa para el sínodo que ha convocado. “Es un momento de gracia que vive toda la Iglesia católica, que los cristianos puedan decir desde la fe y sin tener necesidad de cerrar la boca para nada lo que ellos piensan”, aseguró Osoro.
 
Una de las cuestiones que marca el citado camino sinodal es dar más participación a la mujer en la vida eclesial. En respuesta a si la mujer debe optar al sacerdocio, el cardenal Omella confesó que la cuestión era “una pequeña ratonera”.
 
“Juan Pablo II dijo que el tema estaba cerrado. Yo tengo que decir lo mismo. Eso no quiere decir que se pueda plantear. Los teólogos, la Santa Sede y el Papa tendrán que decir. Si hay cambio aceptaré y si no lo hay aceptaré”, expuso. Sin embargo, recordó que hay “un concepto equivocado” de sacerdocio como sinónimo de poder y que ya el Concilio Vaticano II cambió la estructura “piramidal” de la Iglesia por otro circular, en el que el centro lo ocupa el pueblo de Dios y que los sacerdotes están también al servicio de él.
 
“Esto no es un parlamento, no para llegar a votar, sino llegar al consenso. Es un trabajo muy difícil, pero hay que empezar a hacer como lo ha hecho siempre la Iglesia: juntos discernir, no por votos, sino por consenso”, zanjó.
 
En el Fórum Europa también se abordaron otros muchos asuntos, como las inmatriculaciones de bienes eclesiales. Sobre este tema, Omella aseguró que la Iglesia remitió al parlamento las correcciones a los errores que encontró en el listado de 35.000 bienes que elaboró y que ahora tendrán que ser los legisladores quienes tengan que ver “qué hacen con ello”. En los casos judicializados, añadió, “que lo decidan los jueces, si no es nuestro no lo queremos”.
 
EDUCACIÓN CONCERTADA
 
Asimismo, el cardenal se refirió a que la persecución a la escuela concertada por parte del Gobierno “es un tema más político e ideológico que real” y que “en una sociedad democrática y libre la iniciativa privada tiene que existir y no hay que competir entre privado y público”.
 
Y en relación a ello apuntó que “el gran problema” es la natalidad y el apoyo a la familia. “La educación reclama un gran pacto social y no se ha hecho en la nueva ley”. “Se ha ido por la vía rápida y me pregunto, ¿muchos de esos agentes políticos dónde llevan a sus hijos? Es una contradicción”, concluyó.
 
Para cerrar el evento tomó la palabra el doctor Luis Ortiz, consejero de Asisa, que destacó que los médicos hicieron “lo mismo” que el Concilio Vaticano II. “Pusimos al paciente en el centro del sistema, que no hagamos nada sin contar con él”, aseguró.
 
También hizo suyas las palabras del cardenal e instó a trabajar juntos y no polarizar. “Hay que entenderse”, remarcó.
 
Por su parte, la presidenta de Manos Unidas, Clara Pardo, fue la encargada de presentar a Juan José Omella. Aprovechó para hablar de su organización, sobre la que indicó que es de carácter “católico y seglar” y que está enfocada en la “ayuda, promoción y desarrollo” de los países más desfavorecidos.
 
También destacó que Manos Unidas se creó hace 63 años de manos de un grupo de mujeres católicas españolas. “Aún el hambre es una lacra que afecta a más de 811 millones de personas en el mundo”, dijo, por lo que apuntó que “la única guerra que debería declararse es al hambre”.
 
En sus palabras, Pardo describió a su “jefe” como “un cura de pueblo” con gran pasión por África, donde fue misionero durante un año y además “un hombre sencillo, de actitud amable y afable”, “de carácter conciliador”, con “cordialidad y cercanía”, de quien recordó que cuando era obispo encargado de Manos Unidas solía bendecir la mesa con una jota. “Canta muy bien”, zanjó.
 

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